lunes, 10 de octubre de 2011
Existe un lenguaje que va más allá de las palabras...
Cuando menos lo esperas aparece, y te das cuenta de que es de los buenos, de los que no puedes dejar escapar. Te subes al tren y arriesgas, sin miedos. Perderás mucho pero ganaras grandes vivencias. Cuando quieres descubrir todos los caminos te pierdes los pequeños detalles que guarda cada uno, aquellos aspectos que no se ven a simple vista. Entró sin llamar a la puerta pero sin hacer apenas ruído. Poco a poco se hizo indispensable su compañía, sus palabras, su afecto, su sonrisa. Con el tiempo fuí descubriendo que se escondía tras ese chico curioso y no tardé en darme cuenta de que era el tipo de persona que te valora por lo que eres realmente y no por lo que quieres aparentar. Me enseñó a ver más allá de los malos momentos, de las dificultades y me enseñó a querer lo que se tiene y no aquello que falta. Fue un hombro en el que llorar en muchas ocasiones y nunca pidió nada a cambio. Nunca quise enamorarme, no lo buscaba y apareció. Un día cualquiera te levantas y sabes que es el adecuado para ti. No sé cuanto durará, no sé si será el padre de mis hijos o mi novio de la juventud, es mejor no pensarlo. Lo único que sé con certeza ahora es que marcó un antes y después en mi vida y eso me llena de orgullo. Aunque la vida nos lleve por caminos muy distantes formará parte de muchos capítulos de mi historia. Personas que dejan huella, con las que creces y aprendes lo que es vivir. Gracias por no cansarte en un pasado, por innovar un presente e imaginar un futuro. Te quiero Rubén Castro Freire.
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